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Conceptos, temas, visiones

Pensamos el cine como excusa para el encuentro. Cine como exploración del encuentro. Cine como espacio de conversación. Investigamos la conversación. La conversación como insight reticular: el registro y la experiencia de una inteligencia inter-personal: la inteligencia de la red: la red como un nuevo tipo de grupalidad, uno que ya no busca la homogeneización y la exclusión, sino que se organiza para la singularidad y la apertura. 

 

Invitamos a pensar y vivir el cine como celebración de lo que nos une y de lo que nos diferencia. Las películas son espejos que reflejan nuestras películas. A la vez, proponen nuevas configuraciones del mundo. La propuesta, además de mirar al cine, es dejar que el cine nos mire. 

 

El cine nos mira y confiesa: la realidad (lo que llamamos “realidad”) es una continuidad sospechosa. ¿Continuidad? ¿Historias? ¿Identidades? Sí… Pero… ¿Qué pasa con el espacio entre los fotogramas? El cine como el arte que expresa la ilusión de la continuidad del pensamiento y la experiencia. Vivimos lo que nos contamos que vivimos. Somos animales que crean sentido y, más que vivir la carne de la vida, viven lo que leen SOBRE la vida. Más que vida, vivimos historias. Pero esas historias son construcciones. Como los fotogramas de la vida cotidiana pasan a una velocidad superior a la de nuestra capacidad de prestar atención, olvidamos que todo es un cuento. No podemos, no sabemos, detener la proyección de nuestras historias. Las películas míticas siguen girando y la humanidad se repite. El cine, tal vez, nos da la posibilidad de detener la proyección. Aunque sea por un instante, atisbar ese espacio vacío entre los fotogramas. Así, tal vez, cuestionar los guiones automatizados con los que venimos funcionando (hace miles de años). El cine nos invita a pausar nuestros relatos (personales, colectivos, íntimos y sociales), hacer de la interrupción una política para la recreación de lo humano y de la vida en la Tierra.

 

En el cine, el mundo conversa con el mundo: la conversación revela la ficción de las matrices del pensamiento humano. El cine es escenario para el despliegue de una política de la ternura. La ternura como la intermitencia entre la máscara y la desnudez, entre las palabras y el silencio, entre los fotogramas y el vacío, entre las imágenes y la hoja en blanco, entre las narraciones y la epifanía, entre la percepción separatista y el vislumbre de la unidad (el amor). La ternura como una inteligencia --la inteligencia del devenir. El amor como un estado de inteligencia. El cine como exploración y descubrimiento de esa inteligencia. 

 

¿Cine? Tal vez ya es hora de usar otra palabra. 

 

La película espeja y desteje la película (el relato) de las vidas individuales y colectivas. Todo es una peli, decimos. La conversación cinematográfica nos lleva a oler el espacio diáfano entre los fotogramas que componen la ilusoria continuidad que llamamos nuestra historia (nuestra vida). El cine es herramienta para destejer la historia, el cine es herramienta de descubrimiento y revelación del potencial insospechado de la experiencia humana… y de esa consciencia que encontramos antes y después de lo humano. 

 

Si antes nos juntábamos para contarnos historias, ahora nos juntamos para destejer historias.

 

RETICULAR como un cine que apunta a lo transpersonal, a lo meta-humano. Un cine al que le provoca poner en juego las estructuras de la persona y de la identidad. Un cine que juega con los bordes de lo humano y nos invita a reconocer y asumir la Inteligencia que nos teje.